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lunes, 19 de enero de 2015

Despedida

Y así pasan las cosas, y así pasa el tiempo, y así un día, un triste día, nos toca decir adiós, siempre llega el día en que nos despedimos.

Armo las valijas en mi habitación, aspirando con largas respiraciones los inconfundibles aromas que rondan por acá,  miro mis fotos con mis amigos y los recuerdos vuelan más allá de mi mente, se escapan como el agua en mis manos, se escapan como las lágrimas  de mis ojos.
Ropa y recuerdos van llenando mis valijas, se siente como si estuviese enterrando algo, se siente una opresión tan grande, me siento como si yo mismo me estuviese enterrando. Por más difícil que sea, se en el fondo que este día iba a llegar, sabía que una día tendría que decir adiós.

Camino por mi casa, o mejor dicho por la que está a punto de dejar de serlo, mis pensamientos viajan al comedor lleno de personas, todas brindando junto al árbol de Navidad, festejando. Llego a la cocina y veo a mama cocinando de esa manera tan mágica que siempre tuvo. Veo a papa cortando pasto en el patio trasero mientras escucha su música, veo su rostro de paz interior, él sabe que este es su lugar. Salgo al patio delantero y camino hasta la calle, la misma calle que me vio crecer, la misma calle en la que jugué por interminables tardes con mis amigos, amigos que uno a uno eligen su camino al igual que yo. Cada uno marca su camino, cada uno tarde o temprano debe decir adiós.
Bajo mis valijas a la calle y me despido de las dos personas que estuvieron conmigo por años y años, mama llora y papa está intentando ser fuerte, que hubiese sido de mi sin ellos? Estoy y estaré eternamente agradecido por todo. Pero ahora llego este día, este triste día, cuando nos toca decir adiós, cuando mis alas se abren y tomo vuelo. Siéntanse orgullosos mama y papa, lo hicieron más que bien. Gracias. El taxi aparca en la puerta de mi antigua casa, meto mis valijas en el baúl del taxi y llega nuestro último abraso, nuestro último beso antes de decirlo, antes de decir adiós.

Miro por la ventanilla la lluvia caer sobre el vidrio, esto es lo más parecido a una película, solo que con una gran diferencia, esto es verdad, y esto me está ocurriendo a mí. El taxi llega a la estación de colectivos y bajo mis valijas lo más lentamente posible, como si así pudiera retener la mayor cantidad de momentos posibles en esta ciudad, en mi antigua ciudad.
Una vez que mi equipaje está dentro del colectivo, solo me queda subir… Lágrimas aparecen y nublan mi vista, y luego caen libres por mi rostro, caen y las dejo caer, y que importa si alguien me está observando, los espasmos llegan incontrolables a mí y no los detengo, giro mi cabeza y veo mi pequeña ciudad por última vez, antes de que mi vida cambie, voy a volver pero ya no será lo mismo, esto es un antes y un después esto tarde o temprano iba a pasar, esto aunque me duela en el alma… es un adiós.
Subo al colectivo y tomo mi asiento mirando por la ventanilla veo como comienzo a alejarme, avanzo por la ruta hacia mi destino, hacia mi futuro.
Digo solo una palabra.
-Adiós…

Más lágrimas caen y ahora tengo la decencia de limpiarlas, y a pesar de todo sonrío, porque aunque sea difícil, aunque duela mucho, esto es un nuevo comienzo, esto es crecer.
El colectivo se aleja y veo mi ciudad hacerse más y más pequeña hasta desaparecer, me pongo mis auriculares y dejo que la música me lleve lejos.

Y así crecemos, así abrimos nuestras alas algún día, así elegimos el camino que queremos recorrer, es triste y alegre a la vez, es complicado como nunca, es desgarrador y emocionante, es decir gracias a todos los que formaron parte de estos años por cada cosa que viviste. Es aprender una última lección antes de partir hacia nuestro futuro. Esto es aprender a decir adiós…