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viernes, 22 de enero de 2016

Siempre mañana

Todo esto pudo haber sido distinto, todo esto pudo haber tenido una solución, todo pudo haber sido mejor, o simplemente de otra manera. Peor no, todos complotaron contra mí, todos y cada una de las personas que quería pusieron su estúpido grano de arena para lastimarme física, verbal y emocionalmente. Cada uno de ellos decidió hacer de mi vida un maldito infierno, crear un caos en mis días contados. Y si… digo contados porque hoy es el final, estoy cansado de esto, agotado de ser solo una marioneta, un triste trapo que cualquiera puede pisar para no embarrar sus zapatos, solo fui nada… absolutamente nada, pero aun así, aun sabiendo que no existí para ellos, me sentí herido…
Hace casi un año atrás tuve que mudarme a otra ciudad, y por ende cambiarme de escuela, para ese entonces estaba en mi supuestos primaverales y bellos 17 años, pero no es así. No es de esa manera cuando tu padre adoptivo lleva separado de su  esposa más de diez años y no hace más que pedirte que busques latas de cerveza de la nevera. Las cosas no son primaverales ni mucho menos bellas cuando tus nuevos compañeros de grado son unos descerebrados que lo único por lo que se preocupan es por ver quien logra conquistar a la zorra de cabello rubio que solo sabe masticar chicle de freza. Las cosas no son lindas cuando para llegar a tu casa en los suburbios tienes que tomar tres autobuses y ser atacado por un mínimo de dos ladrones por semana. Las cosas nuca van a ser hermosas si cada día de mi vida fue arruinado, pisoteado, destruido, y mil cosas más por todos los idiotas que no pudieron tener ni siquiera un gramo de consideración por mí. Nada…
Pero solo si las cosas hubieron terminado ahí, solo si se hubiese detenido allí todo, tal vez pudiese haber soportado. Pero no, no para mí. Ellos no se detuvieron, es más, las cosas empeoraron de una manera que no tiene palabras. Ya no le basto a mi padrastro con usarme de mayordomo, ahora era su esclavo, y lo peor es que las agresiones verbales fueron no reemplazadas, sino complementadas con golpes, patadas y más golpes. Mis querido compañeros de secundaria comenzaron a usarme como su saco de boxeo, todos los días a la salida… y correr, eso no servía de nada, ellos me alcanzaban de todas formas. Y no crean que por haber terminado el día las cosas se calmaban, tenía que llegar a casa todos los días solo para encontrar un desastre de mugre, vomito, ropa sudada, e incluso muchas veces bolsas con nada más que drogas de baja calidad. ¿Comida? Si claro, si comer un sándwich de jamón viejo de la semana pasada se lo puede considerar alimento. Todos mis días eran así… o peor…
Hablar de amor, era como estar soñando despierto, eso no existió y no existía para mí, jamás una chica se dio la vuelta para mirarme,  jamás tuve el amor fraternal que todos los chicos tienen con sus amigos, jamás recibí un abrazo de consuelo en las noches de parte de mi madre, jamás un beso de despedida del idiota de mi padre. Jamás…
Pero otra vez, si tan solo todo hubiese terminado allí, si las cosas por arte de magia hubiesen cambiado, o solo dejar de empeorar, tal vez, solo tal vez hubiese resistido. Pero no, todo se fue al carajo mientras más pasaba el tiempo. Los golpes aumentaron  no solo su frecuencia sino también su fuerza. Más de una vez termine en el hospital con moretones en mis pómulos diciendo las misma excusa una y otra vez: “Me caí en el baño” o mi favorita “Me golpee con la mesada de la cocina”,  esa la use cuando llegue inconsciente al hospital, y no, no fue mi padre quien llamó, simplemente iba para la escuela una mañana y todo se volvió negro de repente, todo se apagó, los médicos dijeron que debía comer más. Las cosas en las calles se volvieron raras en cierto modo, tal vez era verdad o tal vez yo estaba paranoico pero comencé a sentir que la gente me ignoraba, que ya ni siquiera se volteaban a mirarme, ya no miraban al chico delgado y cabizbajo que caminaba en la misma vereda que ellos, solo miraban hacia adelante como si no fuesen más que autómatas cumpliendo su trabajo. Solo me ignoraban, porque después de todo, ¿Quién quiere prestarle atención a un pobre tonto que es golpeado por todos y maltratado hasta por el mismo aire?
Llegar a la escuela no cambiaba las cosas, hasta los mismos profesores me miraban con esa expresión casi vacía, solo ocupada por una pizca de lastima, y eso… me enfurecía. ¿Por qué lástima? De todos los malditos sentimientos por existir en este mundo tienen que sentir eso… Lástima… Era un humano, no un perro con la pata rota. Y mis compañeros, digamos que solo se sentaban a tres bancos de distancia del idiota, por si no lo saben el idiota soy yo…
Sinceramente no sé qué debía hacer, ¿Acaso disfrazarme? ¿O prenderme fuego a mí mismo en la plaza central? Ya no se trataba solo del típico bullying escolar, ni del maltrato en el hogar, ahora era peor, ya ni siquiera se percataban de mi existencia, sé que solo soy un estudiante que no tiene amigos, ni novia ni planes para el fin de semana, ni un padre ejemplar, ni nada que lucir, pero existo al igual que ustedes y merezco un poco de atención, mejor dicho merecía…
Si tan solo las cosas hubiesen cambiado… Pero no, nada cambio, nadie cambio, nadie me quiso, nadie me abrazo y nadie fue capaz de preguntar porque estaba tan triste. ¿Saben por qué razón? Simple, porque no existo. No éxito para nada y nadie en este mundo. Y por esa misma razón, nunca me preguntaron porque no fui hoy al colegio, mi padrastro no quiso saber porque salí de casa a la media noche del 25 de julio, nadie en la calle, ni siquiera los perros vagabundos se percataron de que camine casi 5 kilómetros hasta el ferrocarril, tampoco los traficantes que caminaban por el puente que atraviesa por arriba las vías del tren se interesaron en saber a dónde me iba. Nadie…
Así que aquí estoy, un año después de que mi vida se arruinara por completo, en mis supuestos primaverales y bellos 17, pero ahora saben la realidad de la situación, ahora saben la clase de mierda que pueden llegar a ser los humanos, ahora ven claramente cómo si no te mantienes a flote en este lugar, te ahogas y nadie va a lanzar un paracaídas, nadie se va a arrojar para salvarte, a nadie le importas…
La brisa fresca corre por mi rostro y hace que lagrimas salgan volando, miro hacia arriba pero ni siquiera puedo ver las estrellas. Nada solo oscuridad, como mi vida.
Esto es todo, solo quiero terminar de una vez por todas con esta farsa, después de todo, a nadie le intereso, y nade se dará cuenta de mi ausencia. El tren está llegando y yo… yo estoy a punto de irme…

La bestia de metal cruza de bajo de mí a una velocidad peligrosa, cuento hasta tres y libero mis delgados brazos de la baranda de contención, adiós mundo, espero y cambies a los humanos que te habitan… Me inclino hacia adelante y cuando comienzo a caer… algo me detiene…
No…
Alguien me detiene…
Una mano esta posada en mi pecho, una mano blanca y cálida, cálida como… como un abrazo, una fuerza increíble me detiene en mi caída y esa mano con esos brazos, me sitúan sobre el puente una vez más… Pero… ¿Quién?
Levanto mi vista hacia arriba y veo a un hombre, casi podría decir que es un anciano, pero su mirada, sus ojos… tienen  un color como, como si las estrellas pudieran ser puestas dentro de la vista de una persona, como si el mismo universo estuviese dentro de sus ojos, y su rostro, sus palmas aun sosteniendo mis hombros,  su cuerpo… todo envuelto en… ¿Blanco? Todo un aura blanca bordea el contorno de este señor… ¿Acaso estoy soñando? ¿O ya estoy muerto?
-No deberías hacer eso. Dice él, su voz es diferente a todas las que alguna vez escuche.
-¿Quién eres? Digo pero mi voz es apenas un susurro, no tengo miedo, solo me siento… bien, me siento cómodo…
El hombre sonríe, solo hace eso y no responde mi pregunta, levanta su mano y acerca su pulgar a mi frente pero antes dice:
-Mañana Tom, mañana… Solo espera hasta mañana… Siempre mañana.
Mis palabras y preguntas se desvanecen, no puedo pronunciar nada solo digo lo único que logro liberar:
-Mañana
El toca su pulgar con mi frente y todo se vuelve un destello en blanco, como mil flashes de cámaras siendo pulsados al mismo tiempo, todo se vuelve absolutamente blanco… eso es lo último que recuerdo. Pero también hay algo más… una palabra… Mañana.

Despierto gracias a la luz colándose por la cortina entreabierta de la ventana y el aroma a… ¿Tostadas?
-¡Tom! ¡Date prisa o perderás el autobús escolar! A demás el desayuno está listo. Dice desde abajo una voz femenina.
¿Qué?... si, definitivamente estoy muerto…
Bajo de la cama la cual no es la mía, en realidad nada en esta habitación es mío, sobre la mesa de luz hay un pequeño cartel de color azul claro, como el cielo con una frase en el…
-Siempre mañana. Leo la nota y de repente todo cobra sentido, mejor dicho… despierto…

Con una sonrisa en mi rostro me visto y bajo a desayunar…
Hoy va a ser un gran día…